29/10/2012

Hermanos Trauma

Jesús Cruzvillegas

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© Yéssica Sánchez

Lucha libre es más que bailar la canción de Los luchadores en una boda. Lucha libre es un deporte espectáculo y principalmente una industria cultural. El diseño mexicano no ha sido ajeno a este fenómeno. Desafortunadamente ha alcanzado el límite de la sobreexposición. En lo personal, estoy cansado de ver hasta en la sopa al Santo y Blue Demon que -respetando a estos íconos indiscutibles- resulta fundamental señalar que la lucha libre mexicana es algo más, es una gran constelación de otros íconos por conocer, mostrar, reflexionar. Diseñadores y grupos mexicanos de música surf han sido los principales responsables de este abuso. Sí es verdad: las capuchas del Enmascarado de plata y del Demonio azul son hermosas ¡pero hay muchas otras!

 

 

Hace algunos años la desaparecida revista Récord Luchas enlistó las 100 máscaras más bonitas de la historia de la lucha libre, donde los especialistas daban cuenta de extraordinarios diseños textiles y los cientos de litros de sangre, sudor y lágrimas de quienes los portaron. Las contribuciones significativas han sido de la lucha libre al diseño, y no al revés: se patentó un tipografía digital tomada de los carteles tradicionales; se han montado estrategias publicitarias para prácticamente todos los productos y servicios (¿quién ideó a Mamá Lucha de la perpetua campaña de la tienda departamental?); y por supuesto, el sobado cliché del personaje del luchador en un afán de imagen nacional. Es innegable que la lucha libre a lo largo de su historia ha alcanzado estándares simbólicos que han aprovechado el cómic, el cine, la televisión y… el diseño. Estos estándares están relacionados con la figura de un genio creativo. Algunos de los principales personajes luchísticos han sido “diseñados”: desde las historietas del Santo creadas por José G. Cruz; hasta los importantes aportes de Valente Pérez y Héctor Valero, de las revistas Lucha Libre y el Halcón respectivamente, que “conceptuaron” a Mil Máscaras, Tinieblas, Dos Caras, etcétera para ser interpretados por musculosos atletas.

 

 

Y por supuesto, la polémica presencia de Antonio Peña, fundador de la AAA, de quien se cuenta que permanentemente se la pasaba bosquejando; y mientras tomaba sus alimentos, en servilletas de papel dibujaba máscaras, atuendos, logotipos que -en sus propias palabras- se convertirían en “héroes inmortales”. Su aporte -le guste a quien le guste- abarcó también al diseño industrial, patentando el hexadrilátero. Poco se ha hablado de la contribución de los mismos luchadores, a nivel gráfico, industrial o textil, como aquellos que también confeccionan equipos para sus compañeros; sólo por mencionar a Kendo, Veneno o el entrañable Ángel Azteca. La máscara no hace al luchador, pero es muy importante.

 

 

Una parte fundamental de la lucha libre como industria –cultural o no- es la venta de souvenirs originales, con dos opciones: una controlada por alguna de las grandes empresas, dueñas de la marca, derechos de autor y personajes; y la otra, producciones de los propios luchadores, que representa una buena parte de sus ingresos. Así como la lucha libre es un universo complejo y diverso, la oferta de productos y recuerdos también es vasta. Hay quienes aprovechan la mencionada sobreexposición de los personajes (principalmente la de sus padres, agraciados por la cinematografía nacional) y tienen sendas tiendas en la colonia Condesa o la Roma. Y otros más modestos, a los que significa un gran esfuerzo tener una marca original. Me congratulo que éstos últimos son los que presentan propuestas novedosas, como es el caso de la línea de ropa de los Hermanos Trauma, que con la manufactura de SidZero, lograron una serie de playeras y sudaderas de colección.

 

 

La marca de ropa es de calidad, y los diseños nos remiten a la estética de Slipknot, también a carteles de películas de zombis y a las pinturas enloquecedoras de José Luis Sánchez Rull. Los Hermanos Trauma comprenden el profesionalismo de manera integral, se notan las horas duras en el gimnasio y son pocos los nuevos luchadores que tengan tantos conocimientos de llaveo y contra llaveo. Son los hijos del Negro Navarro, una leyenda del Toreo de Cuatro Caminos. Ellos son las estrellas jóvenes de la escena independiente (que a diferencia del rock o del arte, “independiente” es textual: agentes libres que trabajan para quien los contrate, sin estar atados a una empresa). Además de esto, son los personajes más atentos con la afición, a la que tratan con respeto y cariño. Su carrera es de excelencia… ¿Porqué su marca de ropa no iba a estar a la altura? La propuesta visual de los Hermanos Trauma es para los seguidores de lo terrorífico y hardcore, como si hubieran acordado H.P. Lovecraft y George A. Romero crear a dos hermanos, dibujados por Todd McFarlane y vestidos por Malcolm McLaren.

 

 

Esta fascinante oscuridad fue la que atrapó al fotógrafo polaco Tomasz Gudzowaty, con cuyas fotografías de los Traumas ganó en la categoría de deportes el World Press Photo 2012. Los diseños dan cuenta de eso que menciona Algernon Blackwood, y que Lovecraft cita en el capítulo 1 de La llamada de Cthulhu: “…formas de las que sólo la poesía y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo con el nombre de dioses, monstruos, seres míticos de toda clase y especie…”. Cuando empiezan los acordes de Wine of Aluqah de la banda sueca de heavy metal sinfónico Therion, la piel se enchina y se manifiesta la Dinastía Navarro en la arena. La afición se les entrega. Si de por sí una función de lucha libre es algo dionisiaco, estos luchadores nos remontan a los rituales más antiguos, donde una tribu salvaje grita: “¡Vamos Traumas!”. Los Hermanos Trauma abrieron su tienda en Plaza Mega San Mateo, en Naucalpan, y periódicamente realizan promociones donde invitan a otras estrellas del pancracio.

 

 

 

https://www.facebook.com/mish.navarro

 

 

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