Tengo un amigo al que le han robado tres veces su bicicleta. Enumeremos como Paquita la del Barrio: la primera por no tener candado, la segunda por error y la tercera por placer (o sea, porque ya había generado un secreto gusto por el robo). Pienso en mi amigo Memo ahora que he descubierto estos candados de Jon Dalman de la Dalman Supply Company. Las piezas son muy artesanales y de colección. Su aspecto imita al de una simple cuerda, por lo que le ha llegado la hora a mi amigo Memo de jugarle una broma al cuarto ladrón. El diseño de la cadena se compone de una cubierta de cuerda de cáñamo, pero en su interior se encuentra un imponente cable de acero galvanizado con acabados muy resistentes. Este candado, pues simula la gran seguridad que supone su sistema.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay un chino con un libro sobre guerra, o un juego de video en todo caso (qué importa), que recomienda que los fuertes deben fingir la debilidad para derrotar al enemigo. Así mismo, este candado con esta filosofía oriental –o informática- aparenta su fragilidad, casi invita a que lo intentemos. Un candado que invita al fracaso. La compañía norteamericana tiene varios modelos, unos hechos con cuerda blanca. El set incluye un candado envuelto en piel, o uno que parece una nave espacial que el usuario debe encriptar con letras y números. Seguridad y belleza para nuestras bicicletas. Es hora, amigo Memo, de amedrentar a los cacos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vía Monoqi

 

 

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